Oficina O Corpo Musical
El Théâtre du Soleil ofrece ese privilegio de poder partir
de cero. La música despega verdaderamente de cero, es decir con las manos, con
los pies, con el corazón. ¿El corazón? Sentir lo que hay sobre el escenario,
sentir a los actores, la manera cómo se mueven, respiran, hablan. Todo comienza
por los tambores, porque, en la medida en que ningún papel se distribuye al
principio, donde todo está abierto y donde no tenemos ninguna idea
preconcebida, yo no toco ningún tema melódico o armónico, sino el latir, la
pulsación, lo “fundamental del actor”, hombre o mujer. Luego viene la idea de
“bordón”, que es una melodía extremadamente simple que comienza a rellenarse en
las alturas de las voces. Yo aprendo al mismo tiempo que todo el mundo. Hay una
evolución en la música que pasa en un principio por un trabajo simple- hacer un
ritmo, de manera que el tempo del actor en escena no se vuelva, sostenido por
mucha lentitud, cotidiano o realista. Cierta velocidad es necesaria para que
podamos comenzar a trabajar y que una escena no decaiga. Y, poco a poco, todo
adquiere forma, los personajes se revelan y la música se revela con los
personajes, porque la distribución se concreta progresivamente. Lo que me gusta
en este trabajo, es que, de hecho, no tenemos necesidad de teorizar. La
creación y la distribución se hace a medida que se avanza, en “directo”. Jean
Jacques Lemêtre

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